LA DEVOTIO

La devotio

Como ya lo dejase reflejado el poeta latino Qvinto Horacio Flaco, en sus Odas, libro III, 2.13: DVLCE ET DECORVM EST PRO PATRIA MORI, “es dulce y apropiado morir por el país”, una cita muy apropiada para el tema que nos interesa…

Roma, en el transcurso de sus mil años de historia, libró miles de batallas, en muchas de ellas salió victoriosa, llegando a conquistar, bajo el emperador Trajano, las tres cuartas partes de todo el continente europeo. 

Pero muchas fueron también las derrotas de las que la gran Urbe se ha visto en momentos bien resentida.



Algunas de las derrotas más devastadoras tuvieron lugar en las batallas de Cannas, en Carras, en Adrianópolis, en el lago Trasimeno, o la fatídica derrota de Teutoburgo, en la que se perdieron las legiones XVII, XVIII y XIX, al mando de Varo.

Las victorias obtenidas por los romanos no fueron precisamente una concesión del enemigo. La gran mayoría de las victorias romanas, por no decir todas, fueron dignas de sudor en el campo de batalla, resultado de un cuidadoso estudio de las tácticas y maniobras militares, así como de una disciplina estricta y marcial a la que fueron sometidos los legionarios, pero…

¿Qué se puede hacer si el destino de la batalla se inclina a favor del enemigo? 

En este caso, el general no tendrá otra opción más que la de confiar en el rito de la DEVOTIO.

La DEVOTIO era una práctica religiosa romana, una forma extrema de VOTVM (una ofrenda en cumplimiento de una promesa hecha anteriormente), en la que el general al mando del ejército ofrecía su vida a los dioses, con la finalidad de lograr la salvación y la victoria de sus hombres, o al menos de la mayoría de éstos. 

Con este rito, tanto el protagonista que ejercía el oficio, así como la persona que proporcionaba el ofrecimiento eran ambos al mismo tiempo la ofrenda dada a los dioses, resultando ser un pacto en el que el hombre, pidiendo un favor, proporciona su vida a cambio de una ofrenda.

La devotio Mapa de Etruscos, Sabino, Latinos

Este rito se realizó solo en circunstancias extremadamente negativas y se encontró una aplicación particular en batallas en las que el ejército romano estaba en peligro de sucumbir. Después de todo, era un verdadero sacrificio.

Aunque el DEVOTIO era un ritual de carácter y naturaleza religiosa, muchos doctos en la materia le han dado un simbolismo psicológico, donde los soldados, al presenciar el sacrificio de su comandante en pro del bien de su país y de su ejército, dejarán de lado toda fatiga y todo temor, luchando con entusiasmo extremo y con la finalidad de sacar fuerzas de donde no haya para lograr la victoria a toda costa. 

Esta práctica, desde el punto de vista táctico, sirvió para revitalizar la moral de los MILITES (soldados). El hecho de que el comandante mismo, por lo tanto, representando la esfera política y militar romana, se sacrificó por el bien común, infundió valor y adrenalina sin paralelo en las legiones, para desencadenar un profundo sentido de unidad y cohesión.

La historia romana ha atestiguado tres veces la DEVOTIO e, irónicamente, los tres oferentes llevaban el mismo nombre PVBLIO DECIO MVS, perteneciendo por tanto a la misma familia, abuelopadre e hijo. Es por ello por lo que no es posible hablar de DEVOTIO sin dejar de nombrar a la GENS DECIA.

LOS DECIOS, UNA GENS MARCADA POR LA DEVOTIO

Allá por el año 340 antes de nuestra era, bajo el volcán del Vesubio, daba lugar una feroz batalla entre latinos y romanos, en uno de los últimos capítulos de “las Guerras Latinas”.

Pueblos del Lacio y Etruria

En un punto de inflexión, los romanos son incapaces de soportar la presión ejercida por los latinos, sufriendo los primeros grandes pérdidas entre sus filas, anticipándose con ello una clara victoria para los latinos y sus aliados.

Que, tras semejante escena, uno de los dos cónsules para ese año, Publio Decio Mus, el primero de los tres Decios, consulta los auspicios, los cuales predicen la derrota romana. Pero Decio no se da por vencido y le pregunta al pontífice si hay una manera de anular el destino…

…Pero no seré yo quien desvele este relato, lo dejaré en manos del historiador , el cual nos detalla con sumo rigor histórico lo allí acontecido en su conocida obra AB VRBE CONDITA, libro 8:

[8,9] “La batalla tuvo lugar cerca de la base del Monte Vesubio, donde el camino lleva a Veseris. Antes de conducir sus ejércitos a la batalla, los cónsules ofrecieron un sacrificio.

El arúspice, cuya misión era la de inspeccionar los diferentes órganos de las víctimas, señaló a Decio con una insinuación profética sobre su muerte, siendo, en todo lo demás, favorables los signos.

El sacrificio de Manlio fue totalmente satisfactorio. “Bien está”, dijo Decio, “que mi colega haya obtenido signos favorables.” Avanzaron hacia la batalla en la formación que ya he descrito, Manlio al mando del cuerpo de la derecha y Decio del de la izquierda.

Al principio, los dos ejércitos lucharon con la misma fuerza y la misma determinación.

Después de un tiempo, los asteros romanos de la izquierda, incapaces de soportar la presión de los latinos, se retiraron detrás de los Príncipes (primera línea de combate).

La devotio

Durante la confusión momentánea creada por este movimiento, Decio llamó a grandes voces a Marco Valerio: “¡Valerio, necesitamos la ayuda de los dioses! ¡Que el Pontífice Máximo me dicte las palabras con las que yo me ofrende por las legiones!”.

El Pontífice le dijo que cubriera su cabeza con la toga pretexta, que alzase su mano cubierta con la toga hasta su mentón y pronunciase estas palabras permaneciendo en pie sobre una jabalina: 

“Jano, Júpiter, Padre Marte, Quirino, Bellona, Lares, vosotros, dioses Novensiles (nueve dioses llevados a Roma por los sabinos: Pales, Vesta, Minerva, Feronia, Concordia, Fides, Fortuna, Pales, Salus) e Indigentes (dioses indígenas u originales), deidades que tenéis poder sobre nosotros y nuestros enemigos y también vosotros, divinos Manes (dioses terrenales), os rezo, os reverencio y os pido la gracia y el favor de que bendigáis al pueblo romano, a los Quirites, con el poder y la victoria, y que visitéis a los enemigos del pueblo romano, y de los Quirites, con el miedo, el terror y la muerte”.

De la misma manera en que he pronunciado esta oración, así dedico las legiones y auxiliares del enemigo, junto a mí mismo, a los dioses Manes y a la Tierra en nombre de la república de los Quirites, del ejército, legiones y auxiliares del pueblo romano, los Quirites”. 

Tras esta oración, ordenó a los lictores que fuesen con Tito Manlio y que anunciasen enseguida a su colega que se había ofrendado a sí mismo en nombre del ejército.

A continuación, se ciñó con el ceñido gabino [ver libro 5,46.], y con todas sus armas subió sobre su caballo y se precipitó en medio del enemigo. Para aquellos que lo vieron entre ambos ejércitos, apareció como algo terrible y sobrehumano, como enviado por el cielo para expiar y apaciguar toda la ira de los dioses, evitar la destrucción de su pueblo y llevarla contra sus enemigos.

Todo el temor y el terror que llevaba con él creó el desconcierto entre la primera fila de los latinos y pronto se extendió por todo el ejército.

Esto resultó de lo más evidente, pues por donde su caballo le llevaba, todos quedaban paralizados como heridos por alguna estrella mortal; más cuando cayó, abrumado por los dardos, las cohortes latinas, en un estado de perfecta consternación, huyeron del lugar y dejaron un amplio espacio vacío.

Los romanos, por el contrario, liberado de todo temor religioso, siguieron adelante como si se hubiera dado entonces por vez primera la señal y comenzase una gran batalla.

Hasta los rorarios se adelantaron entre los antepilanos y fortalecieron a los hastatis y príncipes, mientras que los triarios, arrodillados sobre su rodilla derecha, esperaban la señal del cónsul para levantarse.”

La devotio Destruccion y guerra

Después de apresurarse contra la falange latina y matar a numerosos enemigos, Decio Mure cae al suelo heroicamente, derribado por los dardos y las lanzas latinas. 

Este gesto alienta a sus hombres e inspira tanta confianza y vigor que los romanos se lanzan con gran ímpetu a la batalla, mientras que los enemigos, confundidos, comienzan a retirarse bajo el calor del ejército romano, alentados por el sacrificio de su comandante. 

La victoria, al final, gracias a las habilidades del colega de Decio Muro, el otro cónsul Tito Manlio Torquato, llega a los romanos.

ELEMENTOS PARA REALIZARSE LA DEVOTIO:

– Para que exista la DEVOTIO debe existir una gran amenaza.

– El cónsul, jefe militar, es quien realiza el ofrecimiento de su vida humana, con el objetivo de neutralizar un gran peligro ofreciendo su vida a cambio.

La fórmula es repetida en voz alta por el magistrado, primero realiza la invocación solemne a una serie de divinidades, al final la DEVOTIO se hace a la tierra (a los Dioses Manes).

La indumentaria que lleva el sacrificado es la toga PRAETEXTA (toga del sacrificado) con la cabeza cubierta, elementos del sacrificante.

El cónsul que se sacrifica coge una lanza con una mano y con la otra se coge el mentón y se arroga a las filas de los enemigos montado sobre un caballo.

Una vez concluida esta publicación, quisiera hacer mención al capítulo número 36, de EL CUENTO DE ROMA, “Bajo la sombra del Vesubio“, capítulo que narra la historia del valeroso final del cónsul Publio Decio Mus, en la batalla entre latinos y romanos, allá por el añó 340 antes de nuestra era.

Espero que lo disfruten!

Autor: Daniel Rebollo

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